Nebulización

Se expande mi garganta,

que es la entrada al infierno,

y se me abren los pulmones

como un águila en vuelo.

 

Mientras corre la noche

engalanada de aguacero,

yo me aferro a los vapores

que me reviven de nuevo.

 

En mi pecho hay bosque,

rama y flor del invierno,

árbol que no deja frutos

rozagantes sobre el suelo.

 

Se expande mi garganta,

que es la entrada al infierno,

y ya me habita la brisa

que me lleva hasta Morfeo.

 

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Sleeping Beauty, de Edward Burne-Jones.

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Caelus

Nadie quiere al niño solo,

ni su alma, que es color asfalto,

él mira con ojos de lluvia

pues conoce al dios de los pájaros.

 

Es del club de las mariposas,

aunque poco entienda de amigos.

Él tira muy lejos las horas

y guarda dolores en el olvido.

 

Se pinta estrellas en la frente,

que es como un cielo, pero nublado,

y predice las aguas y el fuego

para los mortales y los enamorados.

 

Nadie quiere al niño solo,

ni su alma, que es color asfalto.

Es regente de las tragedias

y de los sueños que vuelan alto.

 

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Ilustración de Jim Kay para Harry Potter and the Philosopher’s Stone.

Autodelación

Despiértate y diles

a los señores del fuego:

‘en las amplias colinas,

allí duerme el trébol’.

Bajo estrellas paganas,

sobre bellos misterios,

en las amplias colinas,

entre negros becerros.

Bajo azules añiles

de un trágico cielo,

descansan adjuntos

la tristeza y el miedo.

Levántate y diles

a los señores del fuego:

en las amplias colinas,

allí maten al trébol.

 

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Blazing Glory, de Eyvind Earle.

Meriendas

Salgo al abrazo de las aves

Y el aroma del café en las esquinas

Porque sé que mi alma es libre

Aunque lleve la cabeza muerta.

 

No te ruego que me ames,

sino que me libres de las espinas

Pues el dolor me persigue

Y la noche está aquí a la vuelta.

 

Salgo al abrazo de las aves

Y el aroma del café en las esquinas

Si una vez vos me quisiste,

abre la ventana, cierra la puerta.

 

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Couple reading on deck chairs, de J.C. Leyendecker

17:17

Tu corazón pende del minutero

Hasta tu mente se aferra al reloj

Pasó la hora de Aquiles y Perseo

Tu brújula se ha partido en dos

 

Aquel era un juego ya perdido

Cuando eras la espada y la flor

¿Extrañas a quien hayas sido,

a pesar de toda contradicción?

 

Fue tu infancia con los perros,

creciendo en vacío y en dolor,

lo que te encerró en el espejo

y te dio una sonrisa sin color.

 

Despierta y deja atrás la casa,

aunque temas a los hombres,

pues si bien son tu amenaza,

es amor lo que tú escondes.

 

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What makes it tick?, de Norman Rockwell.

Noche de jueves

Era bella Buenos Aires

reflejada en tu mirada,

sus antiguos arrabales,

y sus calles empinadas.

 

Su cielo de estrellitas

y las noches de verano,

el calor en mis mejillas

y el sudor de tus manos.

 

Te quería dentro mío,

también en mis afueras,

y estabas tan dormido

que no te diste cuenta.

 

Quizás fue la cerveza

que saborizó ese beso,

quizás fue la pereza

que le ganó al exceso.

 

Pero lo expreso ahora,

¡te quise tanto, tanto!

Que la idea me ahoga

y me conduce al llanto.

 

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Puerto Madero de noche (fotografía de Mariano Mantel).